Judíos de Canarias. Historia de los judíos de Canarias. Hoy 30 de Mayo es el día de Canarias.

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30/05/2015
de 18:10 a 18:10

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Tal vez sea un hecho poco conocido, pero en Canarias también hubo judíos y, especialmente, anusim, es decir “conversos”. Los judíos canarios solían residir principalmente en las islas Tenerife y Palma, y aunque ostensiblemente cristianos de ningún modo habían renunciado a su fe. Mantuvieron un carácter prominentemente judío, y solían conversar en hebreo entre ellos. Se tiene noticia de una familia llamada Beltrán que habría residido en Tenerife ya en 1485, es decir, en la época del pueblo guanche que precedió a la llegada de los españoles. Se sabe que participaron en todas las esferas de la vida económica isleña, y no eran tan sólo grandes hacendados y comerciantes sino también campesinos, labradores, pequeños tenderos y artesanos. Un converso Duarte Enriques Alvares, fue el tesorero real, y otros dos anusim fueron gobernadores provinciales.

Pero esa situación no podía prolongarse, y en 1504 llegó la temida Inquisición que en los cinco años siguientes celebró varios infames autos de fe. Las plagas y el hambre que cundieron en las islas de 1523 a 1532 sirvieron de pretexto para arreciar la lucha contra los conversos, y culminaron con un gran auto de fe celebrado en 1526 que, de hecho, terminó con la presencia de los criptojudíos en el archipiélago.

Muchos se integraron definitivamente en la población local y otros emigraron a África del Norte, Flandes, Madeira y las Indias Occidentales. Empero, luego del tratado de paz entre Inglaterra y España en 1604, cobró nuevo impulso el comercio insular y volvieron a aparecer criptojudíos de Portugal y Francia y judíos de Amsterdam, que realizaban visitas de negocios y eventualmente se radicaron en el archipiélago. Pero actualmente no se tiene noticia de la existencia de una comunidad judía en Canarias isla que, sea dicho de paso, son frecuentemente visitadas ahora por turistas israelíes, como muchas otras regiones españolas, atraídos por sus encantos naturales.

La actual comunidad de origen sefardí en Canarias empezó a afincarse en las Islas a mediados del siglo pasado, pero la huella de los judíos en las Islas se remonta al siglo XV. El proceso de expulsión de la Península Ibérica y la conquista de las Islas por los españoles fueron a la par.

Algunos judíos se trasladaron a Canarias como judíos conversos, donde la Inquisición era menos dura que en la Península y Portugal pero, según explica el historiador de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, Alberto Anaya, seguían practicando su religión en secreto: los criptojudios.

En la actualidad, las familias radicadas en Santa Cruz de Tenerife y Las Palmas de Gran Canaria proceden en su mayoría de ciudades del norte de África, de las plazas marroquíes que, por entonces, se encontraban bajo los protectorados francés y español como Tánger, Tetuán, Casablanca o Alcazarquivir. Muchos de los judíos expulsados por los Reyes Católicos tras promulgar el Edicto de Granada, elaborado por el inquisidor Tomás de Torquemada, se establecieron en el Norte de África, donde continuaron con sus costumbres, religión y lengua, el ladino, una especie de castellano antiguo que aun conservan muchos sefardíes en cualquier lugar del mundo.

Monti Energui, de origen sefardí, es un miembro destacado de la sinagoga ubicada en la capital grancanaria, la única que queda en el Archipiélago. Tiene primos en Israel. Gracias a que conservan el pasaporte de su abuelo, Hakiba Energui, natural de Alcazarquivir, sus primos israelíes podrían obtener la nacionalidad española. Su abuelo trabajaba para organismos oficiales en Tánger y, por ello, tienen certificados de su procedencia.

Nacido en Melilla, Monti Energui vino a Canarias desde Tánger cuando era niño en los años sesenta. Félix Energui, su padre, decidió trasladarse a las Islas para hacer negocios dada la prosperidad que, en esa década, se vivía en el Archipiélago. Era representante de las plumas Parker, entre otros productos. Junto al actual rabino, Salomón Zrihen, también procedente de Tánger, formaron la comunidad judía y habilitaron un recinto como sinagoga donde en la actualidad celebran sus cultos.

Como manda la tradición, sus progenitores lo mandaron a estudiar el bachillerato a Israel. Ahora vive en la capital grancanaria, donde celebra el Sabath (sábado, día sagrado de descanso para el judaísmo), y acude, como los otros integrantes de la comunidad, a la sinagoga a orar y leer la Torá, en ceremonias oficiadas por el rabino. La comunidad judía en la capital grancanaria está compuesta por unas 26 familias. No quieren llamar la atención y, por ello, la sinagoga no tiene ningún distintivo. Prefieren no hablar del conflicto con Palestina.

Entre ellos, está Alejandro Kopel, uno de los pocos judíos que no es de origen sefardí. Miembros de su familia murieron en los campos de concentración nazis en la Segunda Guerra Mundial. Sus padres emigraron a Inglaterra y de ahí a España.

La comunidad judía en Tenerife no supera las veinte familias. Los miembros de esta organización, que vivió en los años 50 y 60 del siglo pasado su etapa de mayor auge, han ido muriendo y sus descendientes no se han mostrado muy implicados en mantener activa la organización.

Tras el fallecimiento de José Assor Benchimol, el líder espiritual de la comunidad judía en Tenerife, en 1989, desapareció la sinagoga de Santa Cruz, que estaba situada en la céntrica calle San José. No obstante, algunos de sus miembros están trabajando por reactivarla.

Los lazos que los sefardíes canarios mantienen con Israel son inquebrantables. "Todo judío tiende a vivir en Israel", explica Monti Energui. Allí reside en la actualidad su madre. Considera que la iniciativa del Gobierno español es una reparación a una injusticia.

Sefardí viene de Sefarad el nombre hebreo para la Península Ibérica . La huella del judaísmo en las Islas se remonta al siglo XV. Tras el decreto de expulsión de los judíos por los católicos reyes Fernando e Isabel de 1492, y el de Portugal en 1496, las Islas Canarias se convirtieron en lugar de refugio de miembros de la comunidad, que vivieron como conversos o cristianos nuevos.

Un número significativo se convirtió al cristianismo como una simple formalidad, aunque practicaban los ritos judíos en secreto. Los criptojudíos estaban bajo la vigilancia constante de la Inquisición. Si no lo hacían, o huían y lo perdían todo o se exponían a morir quemados por herejes.

Las familias hebreas tras la conquista de las Islas conformaron una clase comercial importante, con las que hubo mayor tolerancia en Canarias que en la Península. Aparte de los castellanos llegaron a las Islas judíos conversos portugueses, principalmente a La Palma, Tenerife y Gran Canaria. A los portugueses se les conocía como marranos. El historiador Alberto Anaya, cuya tesis doctoral precisamente se centró en los judíos conversos en Canarias y la Inquisición desde 1402 a 1605, expone que pudo ser porque no comían cerdo o porque marrar significa equivocarse, en este caso, de religión.

Los judíos se refugiaron en las áreas rurales, menos vigiladas. A principios del siglo XVI un 10% de la población insular, unas 800 personas, formaba parte de esta minoría religiosa. Eran artesanos, agricultores, médicos, tintoreros, zapateros, hacendados con esclavos, incluso regidores, como el encargado de las rentas reales. Entre ellos también hubo un verdugo, Pedro González, precisamente uno de los siete judíos conversos que quemó el Santo Oficio en las Islas.

Anaya expone que tras la muerte del inquisidor Bartolomé López Tribaldo, canónigo de la catedral de Las Palmas de Gran Canaria, empieza la era de Martín Ximénez y una mayor persecución a los criptojudíos. Los primeros en morir fue un matrimonio que provenía de Portugal, Álvaro González y Mencía Váez, y su hijo Silvestre. De oficio zapatero, poseía tierras de labor en la zona norte de la isla de La Palma, dedicadas al cultivo de azúcar. Las denuncias que se van presentando en sus procesos inquisitoriales resaltan la condición de judío practicante. Se le delata por cambiar sus ropas en viernes, encendido en su casa de velas, no comer cerdo o no comer pescado con escamas. El final de su proceso no pudo ser mas trágico: fueron quemados en 1526. Y así hasta siete judíos, entre ellos el propio verdugo.

Los conversos optaron por integrarse rápidamente en la sociedad de las Islas. Algunas familias escaparon a otros lugares. Precisamente, familias judías huidas de Canarias fundaron la comunidad judía en Londres.

Aún quedan ilustres apellidos en las Islas de esos primigenios judíos como Fernández de Lugo o Pereira de Castro.

En la imagen Alejandro Kopel rezando en la sinagoga en Las Palmas de Gran Canaria.

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