Sevilla, capital de España en 1808. Hoy 17 diciembre de 1808 Sevilla es proclamada capital de España.

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Cuándo

17/12/2016
de 11:20 a 11:20

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Manuel Moreno Alonso. Historiador de la guerra de la independencia. Martes, 16-12-08 ABC


Da la impresión que en el bicentenario de la Guerra de la Independencia todo queda reducido, erróneamente, al Dos de Mayo y a la celebración, próxima, de las Cortes de Cádiz. Sucede algo así como si se pasara directamente de una cosa a la otra, sin que entre ellas no hubiera otras cosas, también muy importantes, que conmemorar.

En el caso de Sevilla, buena parte de su participación en la guerra napoleónica, tan decisiva en los orígenes de la España contemporáneas, se reduce poco más que a la participación de Daoiz en los sucesos madrileños del dos de mayo. Mientras se ignora, sin embargo, que Sevilla fue capital de la España libre desde la llegada de la Junta Central, el 17 diciembre 1808 hasta su salida para Cádiz, a finales de enero de 1810.

Antes de la instalación de la Junta Central en Sevilla, el protagonismo de la ciudad fue extraordinario. La constitución de su Junta Suprema bajo la presidencia del ministro Saavedra, el 27 mayo 1808, desempeñó un papel decisivo en el levantamiento, guerra y revolución de España. Declaró la guerra a Napoleón, al tiempo que restableció relaciones con Inglaterra. Gracias a lo cual obtuvo la victoria sobre la flota francesa del almirante Rossilly, surta en la bahía de Cádiz desde Trafalgar. Sevilla armó y entrenó también el ejército de Castaños que obtuvo la victoria de Bailén. Tras lo cual Sevilla liberó Madrid de las tropas napoleónicas. La entrada del ejército andaluz de Castaños en Madrid en agosto de 1808 fue tan solo comparable a la entrada en la ciudad del Guadalquivir de los «vencedores de los vencedores de Austerlitz», un mes antes.

Estos fueron los días más grandes de Sevilla desde la conquista de San Fernando. Pero aún estaba por llegar el período, verdaderamente fundamental, en que Sevilla fue capital de la nación en guerra en la fecha señalada, al instalarse en el Alcázar la Junta Central. En Sevilla murió, a los quince días de su entrada, su presidente, el viejo conde de Floridablanca, que se encuentra enterrado en la catedral. Fallecimiento que facilitó un hecho insólito: la transición política del Absolutismo al Liberalismo. Un fenómeno extraordinariamente parecido a la transición entre la dictadura y la democracia a la muerte de Franco.

Desde Sevilla, convertida en capital de la España libre, se dirigió asimismo la guerra a toda la Nación, y se enviaron embajadores a otros países, desde Inglaterra a Rusia, Suecia o Constantinopla. A Sevilla llegaron los embajadores británicos: Frere, y los hermanos Henry y Richard Wellesley. Y a Sevilla vino para coordinar la guerra contra Napoleón el hermano de los anteriores, Sir Arthur, más tarde duque de Wellington y Generalísimo de los ejércitos españoles. Desde Sevilla se hizo, igualmente, la consulta a la Nación para la reforma política, así como la convocatoria a Cortes.

Por todo ello el período de 1808 a 1810 es, sin lugar a dudas, el período más trascendental de la historia de Sevilla desde un punto de vista político. En el siglo XVI, Sevilla, como puerto y puerta de América, ocupó un lugar fundamental en la historia, pero solo desde un punto de vista económico. Pues Sevilla nunca tuvo responsabilidades políticas, ni, tampoco, durante esta época tuvo papel decisorio de política económica.

Volviendo al período de 1808-1810, a ninguna ciudad española le ha correspondido una responsabilidad tan grande en el nacimiento de la nueva nación. A pesar de lo cual nada de esto ha trascendido. La fama se la llevó Cádiz, a la que Galdós consideró como «cuna de la civilización española».

La razón de esta desmemoria es clara. El nacimiento se produjo ciertamente entre 1808 y 1810. Pero Sevilla, después, se entregó al enemigo sin disparar un solo tiro en 1810. Y la fama de lo hecho en Sevilla se la llevó Cádiz. La claudicación de Sevilla -que se convirtió, además, en la ciudad más afrancesada de España- constituyó una desilusión total a nivel nacional que los patriotas, y después los liberales, y los historiadores liberales no le perdonaron. Hasta producirse una desmemoria total del protagonismo de Sevilla desde el punto de vista del imaginario colectivo.

Se comprende que, con el fracaso posterior del liberalismo gaditano y el triunfo del absolutismo fernandino, a Sevilla, que siempre supo ponerse de parte del vencedor, no le interesara resaltar su papel. Por ello toda la contribución realizada por Sevilla se redujo, prácticamente, al heroísmo de Daoiz que es el que ha llegado a nuestros días. Hasta se ha olvidado que la mitificación del dos de mayo, con la del propio Daoiz, fue realizada desde Sevilla por la propia Junta Central, que convirtió la efemérides en fiesta nacional.

El, 17 de diciembre de 2008, se cumplen los 200 años de la instalación en Sevilla de la Junta Central, presidida por el anciano conde de Floridablanca. «Es imponderable -escribió la Gazeta- el gozo que manifestó Sevilla al ver que el Gobierno Supremo de la Nación fiaba de su lealtad y la escogía por su asilo». El pueblo quitó las mulas del coche que conducía al presidente Floridablanca, y lo llevó hasta el Alcázar. En la madrugada del día siguiente, la Giralda lanzó los tres repiques de bienvenida, «que llaman de la alborada», costumbre que de tiempo inmemorial observaba la ciudad en el recibimiento de sus monarcas, diría la Gazeta Ministerial de 20 diciembre. Instalada en el Alcázar, sede hasta entonces de la Junta Suprema, Sevilla versus Madrid quedó convertida en capital de la nación. Un día después, el día 18 diciembre se estableció oficialmente el nuevo gobierno de la nación.

En la imagen el Conde de Floridablanca Presidente del Gobierno cuando Sevilla fue proclamada capital de España. El retrato es de Goya.

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