Picasso. Jacqueline, el verdadero gran amor de la vida de Picasso. Hoy 15 de octubre de 1986 fallece Jacqueline.

Fue su segunda y última esposa. Estuvieron juntos 20 años desde que se vieron por primera vez hasta la muerte de Picasso. Tras morir Picasso ella cogió una depresión y se suicidó. Cuando se conocieron ella tenía 26 años y el 72. Pasaban la mayor parte del tiempo en casa pero cuando salían siempre lo hacían juntos. Picasso pinto más de 400 retratos de Jacqueline lo que la convierte en la mujer más pintada de la historia. La relación de Françoise con Picasso fue fría e interesada. La de Jacqueline de verdadero amor. Nació el 24 de Febrero de 1927 y murió el 15 de octubre de 1986.

Detalles del evento

Cuándo

15/10/2016
de 12:20 a 12:20

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Jacqueline Roque nace el 24 de febrero de 1926 en París. Cuando cumple dos años, su padre les abandona, obligando a su madre a trabajar largas horas de portera, en un lujoso edificio cerca de los campos elíseos. Una figura influyente en su vida fue su tío el abad Bardet, quien le inculcó valores como la humildad y la modestia.

A los 18 años su madre sufrió un derrame cerebral y murió. Dos años después Jacqueline contrajo matrimonio con André Hutin, un importante ingeniero, con quien tuvo a su primera hija, Catherine Hutin-Blay. La joven familia vivió durante una temporada en África, actual Burkina Faso, por motivos de trabajo de André. Cuatro años más tarde, Jacqueline decide regresar con su hija a Francia y divorciarse, sospechando que su marido le era infiel. Se trasladan a la Riviera francesa y empieza a trabajar en la tienda de su prima, La alfarería Madoura, en Vallauris. En 1953, a los 27 años conoció a Picasso. Sus exóticos rasgos le recordaron a la joven que aparece con un narguile en ‘’Las mujeres de Argel’’ de Delacroix.

Desde el comienzo de su relación, Picasso pintó en numerosas ocasiones a Jacqueline. Era la única persona cuya presencia toleraba mientras pintaba en el taller. Pasaban la mayor parte del tiempo en casa. Estaban tan unidos que rara vez uno salía de casa sin el otro.

Durante los últimos años de vida del pintor, Jacqueline comenzó a beber de forma excesiva. Se veía muy afectada por la agonía de su marido, y la complicada relación de ambos con los hijos y nietos de Picasso.

En abril de 1973 Picasso fallece. Jacqueline cae en una profunda depresión que no consigue superar. En la madrugada del 15 de octubre de 1986, se suicida disparándose en la sien.
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Picasso y Jacqueline Roque
Por Fernando Arrabal

Pocas veces he visto en mi vida un ser tan serena y dichosamente enamorado como Jacqueline Picasso. La media docena de mujeres que cohabitaron con el pintor antes que ella han contado probadas barbaridades sobre Picasso. Françoise Giroud, aún en vida, no cesa de enumerar las estaciones de su mala vida con el genial malagueño. Lo que al parecer nadie pone en duda es que estas desilusionadas mujeres convivieron con un hombre pujante, membrudo y dispuesto a descargar a cada triquitraque. Una de ellas ha afirmado que nuestro genio "sufría de priapismo". A pesar de todo esto y como para ridiculizar al juez antiminifaldero o al tenorio de pro, estas mujeres terminaron por aborrecer al enhiesto creador.

Picasso sufrió una operación mal hecha que le dejó impotente. Jacqueline vivió los últimos años, por tanto, junto a un hombre clínicamente castrado. Gracias a este regalo de la cirugía, del que no gozaron sus predecesoras, pudo amarle entrañablemente. Picasso conoció la gran pasión con una mujer a la que llevaba un buen montón de años. Al fin, tras aquella pifia del cirujano, Picasso se convirtió en el seductor que siempre había soñado ser.

Los malpensados y los malnacidos imaginaban que Jacqueline representaba el papel de esposa enamorada por interés. ¡Qué mal conocían el celo y el altruismo de su sentimiento! A la muerte de Picasso, Jacqueline se convirtió en una de las mujeres más ricas de la tierra y al mismo tiempo en uno de los seres más prestigiosos y adulados. Podía hacer, con toda libertad, de su cuerpo y de su alma lo que le viniera en gana... Pero sin él la vida no tenía sentido alguno. Por ello cortó de cuajo, suicidándose, su inútil, ya, estancia en la tierra.

A Jacqueline no le había importado, ¡ni se había dado cuenta!, pasar tantos años de su vida viviendo con la castidad de una monja de clausura junto a su idolatrado Pablo. Pero para ser feliz, aquella viuda bien parecida, riquísima y libre necesitaba algo inefable pero imprescindible: el amor de su vida.

"Mujer de fuego, mujer de gracia y de locura. Hasta la muerte fue para Picasso una fuente de juventud, con sus lidias de amor y sus peleas diabólicas. Jacqueline supo vivir a Picasso y vivir su pintura".

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Jacqueline escapa del purgatorio.

Un libro reivindica la discutida figura de la esposa de Picasso y causa revuelo en Francia

VICTORIA COMBALIA EL PAIS 1 ABR 2008

Seguramente porque hubo un pleito muy largo y porque había tanto dinero en juego, algunos de los herederos de Picasso han ido publicando libros sobre su relación con el pintor: los unos, como Marina (hija de Paulo, a su vez hijo de Olga Kokhlova), hablando de la inhumanidad del genio; los otros, como Olivier Widmaier (hijo de Maya, a su vez hija de Marie Thérèse Walther, y consejero jurídico de la Picasso Administration), rehabilitando la figura de su abuelo. Ahora acaba de aparecer otro libro sobre el entorno del gran artista del siglo XX que no ha causado tanto escándalo como Vivir con Picasso de Françoise Gilot... pero casi.

La verdad sobre Jacqueline Picasso es obra de Pepita Dupont, periodista de Paris Match y gran amiga de Jacqueline Roque, la ultima mujer del pintor malagueño. El libro quiere recuperar la memoria de quien fue calificada por muchos como la cancerbera de Picasso, y que murió el 15 de octubre de 1986, 13 años después de la muerte de su marido, disparándose un tiro en la cabeza.

La obra da cuenta de las aventuras sentimentales del personaje
Según la autora, nadie agradeció a Jacqueline su dedicación a Picasso

El argumento de Pepita Dupont contra esta opinión tan negativa es que Jacqueline no hizo más que seguir la voluntad del artista. Acusada de no haber dejado asistir a los hijos de Picasso, salvo Paulo, al entierro de su padre, Pepita recuerda que ellos habían iniciado anteriormente un pleito para estar seguros de heredar su fortuna, lo que indignó sobremanera al pintor. La verdad es que, siendo supersticioso como buen andaluz que era, Picasso no había hecho testamento: Me moriría al día siguiente si lo hago, le dijo al crítico de arte John Richardson.

De acuerdo a la ley francesa, sólo heredarían a su muerte su mujer legal y su único hijo legítimo, Paulo, hijo de la bailarina Olga Kokhlova. Pero en l959, Picasso solicitó que sus hijos ilegítimos llevaran su nombre, lo que consiguió en l961. Y al final, como se sabe, todos heredaron, y mucho. En cuanto a la acusación de que Jacqueline no dejaba entrar a Pablito, hijo de Paulo, Pepita explica que, en realidad, era un toxicómano que había intentado robar en Nôtre-Dame-de-Vie.

Jacqueline nos es descrita por su amiga como sincera, honesta y desprendida, así como alguien a quien no se le ha agradecido suficientemente ni su entera dedicación a Picasso ni su generosidad con los museos (cabe decir aquí que el Ayuntamiento de Barcelona le dio la Medalla de Oro de la ciudad en l983 tres años antes de morir y le hizo una exposición en su honor, en l990, es decir, cuatro años después de su suicidio).

Jacqueline Roque había nacido en l926 en París, de padre electricista y de una madre costurera que se vio obligada a hacer de portera en un lujoso inmueble del barrio XVI. Cuando Jacqueline tenía tan sólo dos años, su padre las abandonó. Al decir de Pepita, una figura influyente en su vida fue la de su tío el abad Bardet, quien le enseñó la importancia de la modestia, la renuncia y la humildad. Virtudes que, sin duda, habrían de serle útiles en su pugna por lograr el corazón de Picasso frente a las otras aspirantes a principios de los años cincuenta.

A sus 20 años, Jacqueline se casó con Andre Hutin, ingeniero, aunque enseguida el matrimonio resultó un fracaso. En l948 nació su hija Cathy, con quien Jacqueline mantuvo unas relaciones siempre difíciles. La familia vivió durante un tiempo en África, en el actual Burkina Faso, hasta que Jacqueline abandonó a su marido, sospechando que le era infiel. Se separaron y Jacqueline se trasladó al sur de Francia, donde había de conocer al pintor malagueño a través del matrimonio Ramié.

El libro dice que no quiere entrar en detalles escabrosos, pero los hay, y muchos. Así, el lector se entera de que Françoise era llamada por Picasso Julot en lugar de Gilot (tener un Jules, en francés, es tener un amante) y de sus múltiples relaciones amorosas: con el escritor Claude Roy, con el filósofo Costas Axelos y con el pintor Luc Simon, con quien Françoise llegará a casarse y a tener una hija.

Jacqueline dejó leer a Pepita las cartas que Françoise envió a Picasso cuando estaba en su viaje de novios con Luc Simon, aunque en ellas, sorprendentemente, Françoise le decía que quería recomponer su vida con él. Para muchos, la relación de Françoise fue la más fría e interesada: Pepita cita a Geneviève Laporte (otra amante ocasional de Picasso) afirmando que Françoise se había hecho presentar a Picasso a través del actor Alain Cuny, desmontando así la idea de un encuentro fortuito.

¿Y por qué no publicó esta correspondencia?, le preguntó como es natural Pepita a Jacqueline: Nunca hay que rebajarse o justificarse, le respondió Jacqueline. Una vez que te han manchado, eso ya es para toda la vida.

Esperemos que ahora no le pase lo mismo a Cathy Hutin, quien sale más que malparada de este libro. Cathy no debió de tener la atención suficiente de parte de Jacqueline, quien decidió dedicarse en cuerpo y alma al genio malagueño. Lo que se desprende del libro es una gran antipatía mutua ente ella y Pepita, a quien Jacqueline llevaba a las recepciones oficiales y en quien confiaba.

Cathy está vista aquí como alguien frío e interesado únicamente en el dinero, y como una hija que hace caso de las ultimas voluntades de su madre. La polémica tras la publicación del sulfuroso libro en Francia no se ha hecho esperar: Catherine Hutin-Blay ha presentado ya hasta tres denuncias contra Pepita Dupont por algunas de las revelaciones de la obra.

Con González y Mitterrand como presidentes respectivos de Francia y España, se devolvieron a España dos lienzos del artista malagueño muy significativos para nuestro país: Aux espagnols morts pour la France (hoy en el Reina Sofía) y Los tejados de Barcelona (hoy en el Museo Picasso de Barcelona). Y hace tan sólo pocos meses, la propia Catherine Hutin-Blay dejó en depósito en el Museo Nacional de Arte de Cataluña (MNAC) de Barcelona ocho piezas de su colección, aunque tan sólo por un año.

Por otra parte, el libro ofrece muchos episodios de interés, desde la propia boda de Jacqueline y Pablo Picasso (el 2 de marzo de l961), con dos únicos testigos y una señora de la limpieza como único público, hasta la anécdota de Pasqual Maragall pidiendo cinta adhesiva para embalar una obra que Jacqueline regaló al museo de Barcelona.

O el propio episodio de la muerte de Jacqueline, que haría las delicias del mejor escritor de thrillers del mundo. En su polémico escrito, Pepita Dupont no niega ni el alcoholismo final de Jacqueline, ni su debilidad psicológica ni su soledad, aunque también rememora felices escenas cotidianas.

En las imagenes Picasso con Jacqueline y Jacqueline pintada por Picasso.

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