Strauss. Hoy 8 de Septiembre de 1949 muere el alemán, Richard Strauss, el mejor compositor de ópera de todos los tiempos. "La mujer silenciosa"

El estreno de su ópera "La mujer silenciosa" en 1935. Hitler promete acudir al estreno pero exige que el nombre del libretista Stefan Zweig se borre del programa porque era judío. Strauss no acepta la exigencia de Hitler y ni Hitler ni Goebbels asisten al estreno.

Detalles del evento

Cuándo

08/09/2015
de 02:00 a 23:55

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A partir de 1932, después de la muerte de Hugo von Hofmannsthal (1874-1929), Strauss comenzó a trabajar para el teatro lírico con la colaboración del cuentista, ensayista y biógrafo austríaco Stefan Zweig (1881-1942), quien además era judío.

La primera ópera de esta nueva etapa -sin el libretista con el que obtuviera sus mayores logros- sería Die schweigsame Frau (La Mujer Silenciosa), basada en la pieza Epicoene or the Silent Woman (1609) del dramaturgo inglés Ben Jonson (1572-1637).

Compuesta entre 1932 y 1935, se estrenó en Dresden en este último año. Durante ese período habían tenido lugar en Alemania grandes cambios: Adolf Hitler llegó a la Cancillería en 1933 y a partir de entonces el ascenso y predominancia del nazismo había ido en constante progreso. En aquél mismo año comenzaron con el boicot a tiendas y negocios de judíos, se suprimieron los sindicatos y se prohibió todo tipo de huelga.

Para los primeros meses de 1934, los nazis habían tomado el poder por la fuerza en Baviera, mientras que Goering ya controlaba Prusia desde antes; se agregaron a la dominación nazi los Estados Federales de Baden, Württemburg y Sajonia; se inauguraron campos de concentración en Dachau para los indeseables políticos, al tiempo que se proclamaba al Partido Nacional-Socialista como el único legal en todo el país.

Con la muerte de Hindenburg en agosto, Hitler asumió plenos poderes y el ejército consagró un juramento de lealtad al Führer. Para 1935 el control era ya casi absoluto, mientras se dictaban en Nüremberg las primeras leyes de discriminación, por las que se privaba de ciudadanía a los judíos –reduciéndolos al carácter de “siervos”- y se prohibían los matrimonios y relaciones extramaritales de éstos con los “arios”. Las medidas fueron in crescendo, ya que para 1938 se vedaría a los judíos el acceso a los cargos públicos, la administración, la medicina, el derecho, la bolsa, la enseñanza, la agricultura y la industria, el periodismo y los espectáculos y diversiones.

La Mujer Silenciosa había traído numerosos problemas. Strauss estaba muy satisfecho con la colaboración de Zweig y no quería aceptar que éste hubiera de tener dificultades con el régimen; era como si pensara que los nazis no tomaban en serio las leyes de discriminación, o al menos que ellas no afectarían a su libretista, quien además –razonaba Strauss- se encontraría fuera de las persecusiones por ser austríaco. Stefan Zweig vio que no podría continuar trabajando en Alemania, ya que su nombre había sido incluído en las listas negras. Se había tolerado su colaboración con Strauss para Die schweigsame Frau, porque éste era el más célebre compositor alemán viviente, pero Hitler y Goebbels habían dejado claro que ese debía ser el último trabajo conjunto.

El músico –que no quería prescindir de Zweig- le propuso que continuaran colaborando en secreto hasta que el régimen cambiara de signo. Para entonces, el escritor ya había dejado su casa de Salzburgo y se había exiliado en Inglaterra, donde continuaría viviendo alternándose entre Londres y Bath, hasta 1940.
Strauss tuvo una entrevista con Joseph Goebbels –a la sazón Ministro de Propaganda- y le dijo que no quería crearle dificultades ni a él ni a Hitler y que estaría dispuesto a dejar sin efecto la representación de la obra, pero, agregó –como una velada amenaza- había que tener en cuenta el escándalo internacional que generaría tal acción.

Goebbels le contestó que aunque él podría contener a la prensa, no garantizaba que no se produjeran desórdenes durante el estreno de la ópera, por parte de gente que protestara por la condición de judío de Zweig. Le propuso enviar el texto a Hitler a fin de que el mismo lo revisara; finalmente así se hizo y elFührer anunció su presencia en el estreno.

A partir de este encuentro, el compositor tuvo oportunidad de ver que los nazis hablaban en serio y que el régimen se ocuparía hasta de estas minucias; dejó testimonio de ello en un escrito, pero es evidente que continuaba pensando que la situación era transitoria: “Estamos viviendo momentos penosos; es lamentable que un artista de mi categoría tenga que solicitar permiso a un ministro para componer o representar una obra. Pertenezco a una nación de “sirvientes y camareros” y casi siento envidia por el perseguido Stefan Zweig, que ahora se niega a trabajar para mí, en forma abierta o secreta. No desea favores del IIIer. Reich. Debo confesar que no comprendo esta solidaridad judía y lamento que el artista que hay en Zweig no pueda elevarse por encima de caprichos políticos.” Tampoco veía que el régimen no le haría ningún favor al escritor.

Días antes del estreno de la ópera –que sería el 24 de junio de 1935- tuvo lugar un episodio que acarrearía más problemas y que fuera relatado por Friedrich, hijo del director de orquesta Ernst von Schuch (1846-1914), el que se hallaba trabajando en la Ópera de Dresden. Strauss durante una reunión informal, solicitó al Director de la Ópera, Paul Adolph (1868-1943) ver el programa de la función. Éste primero dudó y cuando se lo entregó, el músico vio que debajo del título decía: “Adaptación de la obra inglesa de Ben Jonson”. Inmediatamente Strauss dijo: “Pueden hacer lo que quieran, yo me voy mañana por la mañana. Que la función se haga sin mí”. Y tomando el programa escribió el nombre de Zweig. Adolph hizo imprimir finalmente el nombre del libretista y Strauss permaneció en Dresden, pero ni Hitler ni Goebbels asistieron al estreno y al poco tiempo el Director fue despedido de su cargo, mientras que la ópera fue prohibida a la tercera representación.

La terquedad e incomprensión del septuagenario Strauss no encontraba límites. Volvió a escribir a Zweig, que se encontraba en Zurich, ante la enésima negativa de éste a trabajar en un nuevo libreto. Afirmaba en ella que no entendía cómo el escritor observaba esa “solidaridad racial judía” por la cual se negaba colaborar con él. Y agregaba: “¿Cree usted que Mozart compuso conscientemente en estilo ‘ario’? Para mí sólo hay dos categorías de seres humanos, aquellos que poseen talento y aquellos que no lo tienen. Para mí la gente sólo existe cuando forma parte del público; si ese público está formado por chinos, bávaros del norte, neocenlandeces o berlineses, me da lo mismo, siempre que paguen por su entrada”.

Volvió a insistirle que trabajara con él en secreto y le dijo que todo lo que ha hecho siempre ha sido por la música y sus intérpretes, inclusive simular “ser el presidente de la Reichsmusikkammer (RMK o Cámara de Música del Reich, dirección gubernamental a cargo de las actividades musicales). Lo hago para beneficiar y para impedir males mayores. Sí, porque lo considero mi deber artístico. Hubiera aceptado ese penoso honor bajo cualquier gobierno, pero ni el Kaiser Guillermo ni Herr Rathenau me lo ofrecieron”.

La carta no fue recibida por Zweig –misteriosamente recibió una fotocopia de la misma en su dirección de Londres- porque la Gestapo la interceptó y la remitió directo a Hitler. Como resultado de ello, fue forzado a renunciar a la presidencia de la Reichsmusikkammer a la cual había accedido en noviembre de 1933 con la anuencia de Goebbels. Entonces, Strauss había presagiado que el nuevo régimen “elevaría el arte alemán, eliminando el decadente”.

Sólo había pasado poco más de un año desde la inauguración oficial de la RMK en febrero de 1934. En realidad, con este desplazamiento finalmente estarán haciéndole un favor, ya que la Cámara se convertirá cada vez más en un organismo para discriminar a los músicos “no-arios”. Creo que conviene reiterar que Strauss había accedido a ocupar ese cargo a fin de defender a los compositores serios, ya que consideraba que el medio musical alemán se había vuelto muy comercial. De todos modos a partir de su obligado abandono del cargo, fue visto con mayor recelo por parte del ministro de Propaganda, a quien sus composiciones siempre le parecieron que estaban en la frontera de lo que debía ser –en la concepción nazi- la verdadera música germana; solamente la reputación internacional del compositor lo preservó -por entonces- de ganar el título de persona non grata en su país.

Más información sobre Strauss en otros post de hoy.

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